¡Adiós, España!
Jorge Antonio Doré.- España, estás al borde de una brutal caída.
¿Dónde están tu cordura, pundonor y heroísmo?
Cuando le abriste a Cristo la puerta de salida
sellaste tu destino fatal hacia el abismo.
Desorientada marchas de cara a la derrota,
sumisa a los que cavan tu propia sepultura.
Hoy apóstata y ciega, ayer fiel y devota;
ayer clara y alegre, hoy pagana y oscura.
Has trocado tus dogmas por protervas consignas,
has dejado que huellen tus solemnes blasones,
has vendido tu alma por promesas indignas
y dejado sin guardia tus antiguos bastiones.
¡Cuánto te has ensañado contra tu propia gloria!
De tu rancio coraje muy poco queda –o nada–,
nada que en ti rescate páginas de una historia
que te hizo grande y fuerte por tu fe y por tu espada!
¿Cómo es que no defiendes los bienes y las tierras
que antaño conquistaran con sangre tus patriotas?
¡Qué triste es que te jactes del mal al que te aferras
como ave que presume de sus dos alas rotas!
Dormida estás y marchas sonámbula a tu muerte
de manos de traidores que, a fieras dentelladas,
devoran tu futuro y dejan a su suerte
a un pueblo empobrecido con las manos atadas.
Arrepentida vives de tu virtud. Por eso
para ti llega, amarga, la hora del castigo.
A menos que despiertes y emprendas el regreso
caerás bajo los férreos cascos del enemigo.
España, estás al borde de una brutal caída
y el triunfo a tu derrota se halla en Cristo y la cruz.
¡Vuelve a tu ayer glorioso, vuelve a la fe perdida
y tus ojos nublados se abrirán a la luz!
Canción triste, así como aires proféticos. Mas la que antaño fué Luz de aquél Mundo, no ha muerto, -Aun NO-