Gnosticismo y masonería: El humo de Satanás en la Iglesia desde sus inicios
Magdalena del Amo.- “Por alguna fisura ha entrado el humo de Satanás en el templo de Dios”, es la famosa frase que Pablo VI pronunció en el transcurso de la prédica el día de los santos apóstoles Pedro y Pablo. Era el año 1972 y se cumplían diez años de su pontificado. Había conocido los tristes resultados de la investigación del cardenal Gagnon sobre los purpurados masones colados en el Vaticano. En una línea absolutamente catastrofista se lamentó de las dudas y la desconfianza hacia la Iglesia, a pesar de las muchas almas buenas y sencillas que persisten en su fe. Decepcionado por los frutos del concilio aludió a los días de nubes, de tormenta y oscuridad. Y nombró al diablo, cosa muy políticamente incorrecta en la Iglesia actual, que se ha acostumbrado a pasar de puntillas por todo lo trascendente.
¡Y con Francisco la fisura se convirtió en zanjón! Aunque es un tema siempre presente entre los estudiosos, la enfermedad del papa, que se aferra a la silla de Pedro como si fuera imprescindible para la marcha de la Iglesia, los tejemanejes de la curia y, más en concreto, la infiltración de la masonería, están de actualidad. Ya casi nadie duda que cardenales masones, algunos con mucho poder, han estado muy cerca de los pontífices a lo largo del tiempo. Incluso se ha reconocido que algunas “meteduras de pata teológicas” están relacionadas con la influencia maligna de quienes tenían la misión de desprestigiar y hacer del catolicismo una religión antipática y antipopular.
Pero ¿cuándo entró el humo de Satanás en la Iglesia? Difícil pregunta y no fácil respuesta, pero fue muchos siglos antes de las demoledoras palabras de Pablo VI. Decir el humo de Satanás es decir masonería, es decir maldad, es decir enemigo. A la Iglesia pos-Concilio Vaticano II nunca le ha gustado recordar hechos del pasado. Ha hecho una especie de borrón y cuenta nueva, un deleted general y eso la ha debilitado.
Que la Iglesia está bajo el influjo de ese humo maligno que entró por la rendija es más que claro. ¿Pero desde cuándo? Muchos estudiosos apuntan al Concilio Vaticano II, pero la cosa viene de muy atrás; de los primeros siglos, cuando los descendientes de Pedro se vistieron de emperadores y adoptaron liturgias tomadas de cultos paganos y costumbres mundanas. La Iglesia fue infiltrada, mal aconsejada e influenciada –y no para bien– casi desde el primer momento. Aún no existía la masonería, pero sí sus predecesores ideológicos: los gnósticos, que lucharon fieramente contra la divinidad de Cristo.
Vamos a dar unas pinceladas sobre algunos episodios y personajes infiltrados en los primeros tiempos de la Iglesia. Para ello, recurro a mi archivo personal y rescato un largo artículo que publiqué en 2012, al que dividiré en dos o tres partes para hacerlo más llevadero.
Texto publicado en 2012
Se ha escrito tanto sobre ello; hay tantas versiones y ramas, que hacer una síntesis sobre qué es la masonería, cuál es su origen y cuáles son sus fines no es tarea sencilla, dado que hablamos de una sociedad secreta que ha estado presente en los principales hitos históricos propiciadores de cambios y no precisamente para bien. Es la organización más interesada –desde siempre— en minar el poder de la Iglesia y en negar las dos naturalezas, divina y humana de Jesús de Nazaret. ¡Este es el origen de todo el problema! Por ello, sin entrar en los hitos en los que tuvo parte activa a lo largo de la historia, sí conviene dar una pincelada sobre esta sociedad secreta cuyos métodos se hacen visibles en los tiempos de crisis y convulsión que previamente suelen crear. Como los actuales.
Me mueve a escribir sobre la masonería, las argumentaciones que periódicamente aparecen en pro de la secta, dándole un rango de normalidad que no tiene, insistiendo en sus razones filantrópicas que no son tales, e intoxicando con falsas aseveraciones sobre el pensamiento de la Iglesia al respecto, y la pertenencia a la masonería de algunos papas. Estos son algunos de los puntos que pretendo tratar y refutar: 1) que los dos últimos papas aceptaron la masonería; 2) que hay católicos masones y masones católicos, sobre todo entre la jerarquía; 3) que la Logia de Londres encarna a la masonería teísta en contraposición a la masonería latina, de la izquierda; 4) las Constituciones de Anderson; y 5) la masonería en España en el siglo XVIII y el Conde de Aranda.
Nuestra pretensión es arrojar un poco de luz, pero antes de entrar en el meollo, y con vistas a una mejor comprensión, conviene retrotraernos a los gnósticos y a su doctrina, auténtico germen de la masonería que aglutinaría el corpus del maniqueísmo, la cábala y otras derivadas.
Los gnósticos, matriz de las sectas iluministas
El gnosticismo cristiano tiene su origen en el gnosticismo pagano. El texto gnóstico más antiguo es Eugnosto el beato, anterior a Cristo. Es un conjunto de creencias sincréticas de naturaleza religiosa y filosófica que se conforma antes de la era cristiana como consecuencia de las conquistas de Alejandro Magno y luego de Roma, y la fusión de ideas orientales y occidentales.
Antes del cristianismo, la gnosis estaba establecida en Palestina, Siria y Egipto. Hacia el siglo II d. C. surgieron las primeras manifestaciones gnósticas dentro del cristianismo. Es el comienzo de la infiltración oficial. El gnosticismo samaritano fue fundado por Simón Mago, personaje citado en los Hechos de los apóstoles en el Nuevo Testamento. Su objetivo era destruir el cristianismo. Se jactaba de tener el poder de hacer milagros, como Jesús, pero fue desenmascarado y acusado de practicar magia negra. Fue el primer excomulgado de la Iglesia. Destruir el mensaje de Cristo iba a ser el objetivo de las distintas corrientes a lo largo de la historia, siempre del lado de los poderosos, para acabar con la Iglesia. Sin embargo, nunca tuvieron un gran apoyo popular. A Simón Mago se han referido en sus escritos san Justino y san Hipólito.
Según la cosmovisión gnóstica, de una unidad primordial denominada pleroma surge el mundo. De esta divinidad suprema emanan los eones o entidades divinas de los dos sexos dispuestos en jerarquía hasta llegar a la materia. Entre estos eones se encontraría Abraxas (espíritu negativo creador de la materia, relacionado con el mal), el Dios creador bíblico, y Cristo, instrumento de salvación, pero diferente a la concepción cristiana.
Es un sistema dualista, es decir, considera que hay dos dioses, uno bueno creador del bien (el espíritu) y otro malo, creador de la materia. Sostiene el gnosticismo que los seres humanos no son todos de la misma naturaleza. Por tanto, no todos se pueden salvar. Se dividirían en tres grupos. Los puramente materiales o hylikoi, que no tienen posibilidad de salvación; los animales, psykhikoi, que mediante el esfuerzo ético pueden conseguir una salvación incompleta; y los espirituales o pneumatikoi que serían los únicos elegidos para la inmortalidad. De acuerdo con esta doctrina, Cristo no sería necesario para la salvación. Eso sería una patraña exotérica para el vulgo.
La doctrina secreta del Cristo o Ungido estaba reservada a esta élite que se consideraba como “testigos especiales” de Cristo con acceso al conocimiento divino a través de la gnosis. Los elegidos se salvarían a través de la gnosis o conocimiento; conocimiento introspectivo de lo divino, que es superior a la fe. La salvación no sería una cuestión de amor de la divinidad hacia los hombres sino una prerrogativa que poseen los seres humanos dotados de alma. Solo ellos tendrían acceso a este conocimiento y solo ellos se salvarían. El gnosticismo es, según sus defensores, una mística secreta de salvación. Esta idea fue heredada por otras doctrinas discriminadoras de unos hombres en desmedro de otros.
Uno de los puntos importantes e irreconciliables con la Iglesia es que los gnósticos negaban la doble naturaleza de Jesús, divina y humana, fundamento de la Revelación, de la liberación y de la salvación. De acuerdo con esto, Jesús habría adoptado una suerte de corporeidad para hacerse visible. Otra de las características de este grupo es el establecimiento de jerarquías humanas. Arriba estarían los iniciados, con acceso al conocimiento; después los que tienen alma y se pueden salvar siguiendo las consignas de los anteriores; y en lo más bajo, las personas sin alma, que nunca pueden llegar a salvarse.
El concepto dualista de los gnósticos fue heredado por Marción, y más tarde por el protestantismo, los cátaros (seguidores de Mani), y la masonería. Marción fue un rico magnate naviero que llegó a Roma alrededor del 140 d. C. Fue obispo, pero sus ideas le llevaron a la excomunión. De la lista de libros bíblicos que recopiló excluía el Antiguo Testamento en su totalidad. Quiso comprar a la Iglesia por 200.000 sestercios a cambio de que esta adoptara las ideas gnósticas.
Basílides fue uno de los heresiarcas más intrigantes de los primeros siglos. Sus ideas tenían gran influencia del pensamiento egipcio y helenístico. De él dijo san Ireneo que predicaba una herejía odiosa. Sostenía que la crucifixión había sido un fraude; que Jesús no había muerto en la cruz, sino que en su lugar habían crucificado a Simón de Cirene que había ocupado su lugar. (En el siglo VII, el Corán sostenía esta teoría. Modernamente, varios autores escribieron sobre lo que denominaron “El complot de Pascua”. Existe incluso un bochornoso texto gnóstico de los papiros de Nag Hammadi, encontrados en el Alto Egipto en una vasija de arcilla en 1945, que narra las palabras de Jesús, mofándose y riéndose del engaño).
Carpócrates, discípulo de Basílides, defendía que el mundo había sido creado por ángeles caídos desposeídos de su naturaleza divina y que Cristo era un hombre extraordinario, pero negaba su divinidad. Pretendía demostrar la reencarnación citando el Evangelio de san Marcos. (Esta creencia es la parte esencial de todas las religiones orientales, como el confucionismo, el shintoismo y las diferentes escisiones del hinduismo, entre ellas el budismo y el jainismo. Algunos filósofos griegos como Pitágoras o Platón también la defendieron. Según esta doctrina, los seres humanos han ido evolucionando a partir de la materia, pasando por diferentes estadios. Los reencarnacionistas creen en la ley de causa y efecto, es decir, en el karma. Nuestras acciones buenas y malas se irían acumulando en el libro de la vida y de ello dependería nuestra siguiente reencarnación. Su máximo precepto es la recta acción. Entre los creyentes en la reencarnación se mantiene la opinión generalizada de que los primitivos cristianos también creían en la transmigración de las almas. Arguyen que se retiraron cuidadosamente del Evangelio las partes en las que Jesús alude a ello. Sin embargo, esta afirmación no resiste un análisis histórico riguroso. Los expertos en filología neotestamentaria manifiestan que no existe un solo texto que en el original pudiera aludir a ello, ni en los evangelios canónicos ni en los apócrifos).
Otro personaje gnóstico muy importante fue Valentín de Alejandría, que se distinguió por su activo papel en la Iglesia, llegando incluso a estar cerca de ser nombrado obispo de Roma. Su credo era una especie de sincretismo entre dogmas cristianos, tradiciones judías y persas, y teorías platónicas. A sus discípulos se atribuye la redacción de la Pistis sophia, Evangelio de Valentino o Biblia gnóstica. El gnosticismo fue combatido, entre otros, por Tertuliano, san Justino y san Ireneo, obispo de Lyon. Este lo declaró herejía en el año 180 d. C.
Pero ¿qué tiene que ver todo esto con la masonería? ¿Qué trascendencia puede tener para lo que nos ocupa ahora, que los gnósticos del siglo II creyeran que Cristo era Dios pero no hombre? ¿Qué puede importarnos la herejía de Marción, personaje a quien casi nadie conoce, a la hora de analizar la masonería en el mundo actual? Pues mucho más de lo que parece, pues, desde sus comienzos, y a lo largo de la historia, los poderosos siempre han querido dividir a la Iglesia –y lo han conseguido—, para destruirla –nunca lo conseguirán—, temerosos de que el mensaje liberador de Cristo se extendiese por todo el mundo. Por eso siempre han financiado herejías y cismas. Hoy, los enemigos de la Iglesia siguen ahí. Continúan luchando contra ella, amparados en leyes, defendiendo los antivalores, utilizando para ello los medios de comunicación, la mayor parte en su poder.
(En la segunda parte continuaremos con las claves que nos ayudarán a comprender el entramado de la masonería y sus fines).
*Psicóloga, periodista y escritora
Muy interesante, la eterna lucha entre el bien y el mal y la influencia de la masonería en el mundo. Es anticristiana aunque digan lo contrario y cuando hay una persecucion contra los católicos ellos estan detrás.
Interesante articulo! Esperando con ganas la proxima parte.
10 Mandamietos de la Masoneria….. Albert Pike, Moral y Dogma , 1871, I. Dios es la SABIDURÍA Eterna, Omnipotente, Inmutable y la INTELIGENCIA Suprema y el Amor Inagotable. ¡Le adorarás, reverenciarás y amarás! ¡Le honrarás practicando las virtudes! II. Tu religión será hacer el bien es un deber. ¡Para que puedas llegar a ser amigo del sabio, deberás obedecer sus preceptos! ¡Tu alma es inmortal! ¡No harás nada que la degrade! III. ¡Lucharás incesantemente contra el vicio! ¡No harás a los demás lo que no quisieras que te hicieran a ti! ¡Serás sumiso a tus fortunas y mantendrás encendida la luz… Leer más »